LIONHEART
COSTE EN PUNTOS
DES
COO
FUE
INT
CON
VOL
AGUANTE
DETERMINACIÓN
PODERES
Súper Velocidad 3 (Extras: Salto, Garras ), Resistencia al Daño 5 (Extras: Súper Sentidos: olfato aumentado y extendido, rastrear olfativo, visión nocturna, oído aumentado).
ESPECIALIDADES
Armas de Fuego, Liderazgo, Rastrear.
CUALIDADES
Conexiones: Comandante de los Royal Knights. Identidad: Soldado con alma de león Epíteto: El Guardián de Inglaterra.
DESAFIOS
Debilidad: Forma Humana. Personal: El deber ante todo.
Primogénito de una de las más importantes familias de la nobleza inglesa, Edward Wingfield fue en su juventud un ávido explorador y aventurero que recorrió el mundo en busca de nuevas experiencias y emociones.
En cierta ocasión, mientras participaba en un safari en África, observó como un léon atacaba a un indígena. Incapaz de quedarse mirando, y aunque sólo llevaba encima un cuchillo, atacó a la fiera sin dudar con la esperanza de que su víctima pudiera ponerse a salvo. Logró apuñalar a la bestia en el cráneo y acabar con ella, pero quedó gravemente herido y habría muerto de no ser porque el indígena al que había salvado lo llevó ante su chamán.
Éste usó ciertas hierbas y extraños rituales mágicos para devolverle la salud. Cuando estuvo recuperado (en un tiempo récord, por cierto) el chamán le explicó que su sangre y la del león se habían mezclado durante la batalla y por lo tanto ahora la bestia viviría por siempre en su interior y en el de todos sus descendientes.
Edward no tardó demasiado en averiguar a qué se refería el anciano: podía adoptar la forma de un enorme león humanoide a voluntad, ganado en el proceso algunas de las habilidades del animal. Pasó un tiempo entre los indígenas aprendiendo a dominar sus nuevas habilidades y mantener bajo control los instintos de la fiera y, antes de volver a casa, juró usar este poder para proteger a otros.
Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la aparición de los Übbermensch, no pudo mantenerse apartado. Se entrevistó con el rey Jorge VI y, después de revelarle sus poderes, le aconsejó buscar a otros individuos con habilidades sobrehumanas para formar su propia unidad. El monarca siguió su consejo y realizó su famosa Llamada a las Armas, suplicando a cualquier metahumano británico que acudiera a defender su nación.
Edward, por supuesto, fue el primero en ofrecerse voluntario, habiendo sido el principal artífice de la idea. Sin embargo, ésto le granjeó muchas disputas con su padre, que se oponía firmemente a que su heredero se arriesgara de ese modo en el campo de batalla. Sólo intervención personal del rey evitó que le desheredara, aunque la relación entre ambos se resintió durante años.
Su experiencia previa en diversas expediciones y su educación en una escuela militar durante su juventud le convirtieron en el candidato perfecto para liderar los recién creados Royal Knights. Se le concedió el rango de coronel y el nombre en clave de Lionheart.
Con él a la cabeza, el equipo fue capaz de contrarrestar eficazmente a los Übbermensch en el campo de batalla e incluso ir dando poco a poco la vuelta a la situación, colaborando habitualmente con algunos de los miembros metahumanos de la Resistencia Francesa.
Lionheart fue el encargado de liderar la coalición que atacó el castillo de Bergsburg y durante la batalla se enfrentó a Schwartzpanzer con ayuda de Emet, uno de los agentes franceses presentes en el lugar. Entre ambos pudieron superar la defensa de súper soldado nazi y hacer que se retirara, aunque no lograron evitar que escapara del complejo junto al resto de sus compañeros.
Tras el final de la guerra, los Royal Knights se volvieron imprescindibles a la hora de proteger al Reino Unido de todo tipo de amenazas metahumanas. Ahora que la existencia de los metas había sido hecha pública y ya no necesitaban esconderse, muchos criminales metahumanos usaban abiertamente sus habilidades para cometer sus delitos y sólo ellos podían hacerle frente.
Edward continuó sirviendo en el grupo hasta el año 1958 cuando heredó el título de su familia a la muerte de su padre y decidió retirarse, sintiendo que ya no era tan fuerte ni tan rápido como antes. No obstante, no abandonó del todo la unidad, pues aceptó un puesto como instructor de los nuevos reclutas que pretendían formar parte del equipo.
Falleció en 1976 de un aneurisma provocado por una de sus antiguas lesiones de guerra. A su funeral asistieron numerosas personalidades de la política y las artes del momento, incluida la propia reina Isabel II que dio un emotivo discurso en su honor.
Personalidad
Educado desde la cuna para ser el heredero de uno de los más importantes títulos nobiliarios de Inglaterra, a Edward se le inculcó desde muy pequeño el sentido del deber, el honor y la responsabilidad.
En su juventud poseía un carácter aventurero y amante del riesgo que le llevó a participar en numerosas expediciones de exploración y cacerías por todo el mundo, pero tras estallar la Segunda Guerra Mundial dejó atrás esa etapa y se convirtió en alguien mucho más serio y centrado.
Como militar fue siempre un hombre justo, que llevaba la disciplina militar a rajatabla pero que no dudaba en arriesgar su propia vida para proteger la de sus compañeros. En más de una ocasión llegó a enfrentarse a sus superriores e incluso al Alto Mando para evitar que pusieran en riesgo a su equipo innecesariamente.
Sus valores, bastante chapados a la antigua incluso para su época, ocasionaron ciertos roces con los miembros femeninos de la unidad en un primer momento. Sin embargo no tardó en ver lo erróneo de su postura, reconociendo abiertamente su error y tratando en lo sucesivo a sus compañeras con el debido respeto.
Poderes y habilidaddes
Gracias a la magia realizada por el chamán africano, Edward adquirió la capacidad de transformarse en un enorme león humanoide siempre que lo deseaba. En esta forma su fuerza, destreza, velocidad, resistencia y sentidos eran muy superiores a los de humano normal, podía dar grandes saltos y contaba con garras retráctiles.
Además de esto, el tiempo que pasó como explorador y cazador por medio mundo le convirtió en un hábil tirador y rastreador. También poseía un don natural de liderazgo y una capacidad estratégica innata que le convertían en un comandante muy eficaz.