PROTOCOLO KRIEGSHUND
El llamado Protocolo Kriegshunde fue una contramedida adoptada por el régimen nazi durante la Batalla de Berlín consistente en la liberación por la ciudad a la totalidad de los sujetos superviventes de los experimentos del profesor Geier que se habían considerado demasiado inestables para formar parte de los Übbermensch, la mayoría de los cuales eran extremadamente agresivos y violentos debido a las torturas sufridas. Durante dos días causaron todo tipo de destrozos y bajas humanas hasta que fueron neutralizados por las Nachthexen soviéticas.
Antecedentes
Si bien el doctor Geier había desarrollado su método para despertar habilidades psíquicas experimentando con prisioneros republicanos durante la Guerra Civil Española, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en 1939 y fue llamado de vuelta a Alemania por sus superiores éste aún no estaba lo bastante perfeccionado. Los poderes obtenidos mediante dicho proceso eran inestables y acababan dañando la salud mental de sus usuarios.
Por éste motivo la Sociedad Thule le exigió que lo refinara utilizando a alguno prisioneros desechables como conejillos de Indias antes de permitirle probarlo en ninguno de sus agentes leales. Durante los siguientes dieciocho meses el profesor testeó diferentes combinaciones de fármacos y terapias de choque hasta que logró dar con la más adecuada, la que le llevaría a poder dotar a los Übbermensch de unas habilidades estables y seguras.
Como consecuencia de todos estos experimentos, la Sociedad Thule y el gobierno alemán se vieron en la tesitura de tener que lidiar con varias docenas de sujetos dotados de habilidades psíquicas peligrosas y prácticamente dementes debido a las torturas y los potentes químicos a que habían sido expuestos. En un primer momento se les mantuvo sedados y recluídos en unas instalaciones secretas de Thule para que Geier pudiera seguir estudiándolos y mejorar aún más el proceso.
Sin embargo, en 1943, con la aparición de los Royal Knights, Hitler decidió aprovecharlos como un as en la manga para lidiar con los súper soldados británicos si era necesario. Ordenó que todos los sujetos supervivientes fueran trasladados en secreto a la capital alemana y distribuidos por pisos francos de toda la ciudad, donde se mantendrían en coma inducido y serían vigilados por agentes de Thule hasta que fuera necesario activarlos.
Para estar seguro de que la estrategia resultaría viable, el Führer exigió que se hiciera una prueba controlada en noviembre de 1944, en una pequeña población del norte de Francia llamada Montclair. Los nazis habían interceptado unas comunicaciones de radio cifradas y habían averiguado que los Aliados iban a atacar la localidad, por lo que evacuaron a la mayoría de sus efectivos de las inmediaciones y enviaron a uno de los sujetos, que por entonces ya eran designados oficialmente con el nombre de Kriegshunde (“Perros de Guerra” en alemán), junto a un comando de Thule.
En cuanto los soldados estadounidenses pusieron un pie en el lugar, los alemanes despertaron al sujeto dándole un cóctel de fármacos para aumentar su agresividad y lo lanzaron contra los atacantes. El resultado fue una verdadera escabechina, que se saldó con la destrucción casi completa de Montclair y de todos sus habitantes. Las tropas aliadas fueron completamente exterminadas y el propio sujeto tuvo que ser eliminado por los agentes de Thule detonando un collar explosivo después de volverse contra ellos.
El resultado de esta prueba no acabó de gustar al Alto Mando alemán debido a los numerosos daños colaterales y la imposibilidad de controlar efectivamente a los Kriegshunde, por lo que se decidió relegarlos a una especie de último recurso a utilizar sólo cuando todo estuviera perdido.
Desarollo
En abril de 1945, cuando las tropas soviéticas comenzaron su asalto final a Berlín, Hitler decidió que la situación era lo bastante desesperada para activar el Protocolo. El 30 de abril dio la orden oficial. Los agentes de la Sociedad Thule la recibieron en sus respectivos pisos francos y procedieron a despertar a sus sujetos, administrándoles los fármacos destinados a volverlos agresivos antes de liberarlos por toda la ciudad.
Los Kriegshunde pasaron las siguientes veinticuatro horas causando el caos y la devastación a su alrededor, atacando a cualquiera con quien se cruzara ya fuera un soldado soviético, alemán o incluso un civil. Las tropas atacantes no habrían tenido ninguna posibilidad frente a ellos y la invasión podría haber acabado de una forma muy distinta de no ser porque la URRS había tenido la precaución de enviar a la batalla a la práctica totalidad de las Nachthexen.
Las brujas rusas se dividieron en veinticinco comandos de dos miembros cada uno y se dedicaron a perseguir a los psíquicos descontrolados, rastreando y conteniendo a tantos de ellos como pudieron durante las siguientes horas. La mayoría de los Kriegshunde fueron eliminados o capturados, pero unos pocos consiguieron escapar al pasárseles el efecto de los fármacos y recuperar lo bastante el autocontrol como para salir pitando de allí.
A las doce y cuarto de la mañana del 1 de Mayo de 1945, el ataque de los Kriegshunde se dio por controlado y las tropas soviéticas pudieron reanudar el ataque.
Consecuencias
El Protocolo Kriegshunde provocó incontables daños materiales y humanos en Berlín, que tardó años en recuperarse por completo de la devastación ocasionada. La caída de la ciudad y el posterior suicidio de Hitler marcaron el final del régimen nazi.
Los sujetos que fueron capturados con vida fueron llevados a unas instalaciones secretas en Moscú, donde los mejores científicos soviéticos los estudiaron durante años para tratar de averiguar el origen de sus poderes de cara a replicarlos. Estos experimentos sentarían las bases para la creación de Hoz y Martillo en los años sesenta.
Los Kriegshunde que escaparon se ocultaron por toda Europa. Muchos fueron encontrados y capturados por las autoridades locales en los años siguientes cuando llamaban la atención al descontrolarse sus habilidades, pero unos cuantos lograron vivir en la clandestinidiad.
La actividad de las Nachthexen durante la batalla fue talque convenció a las autoridades soviéticas de mantenerlas en activo al acabar la guerra convirtiéndolas en agentes de inteligencia. Además impulsó a Stalin a dedicar más recursos a la militarización de metahumanos, iniciando una búsqueda de cualquier posible metahumano en territorio soviético para capturarlo y reeducarlo de forma similar a como hacía la Mano Negra en España.