LAS OSAS DE ÁNDARA

A pesar de que los mitos del norte de la Península hablan de una sola mujer-osa que habita en las cuevas del macizo de Ándara, la realidad es que hay toda una manada de teriántropas que lleva siglos, si no milenios, habitando en la zona y protegiendo a sus gentes de todo tipo de peligros sobrenaturales.

Su origen se remonta al tiempo de los celtas, cuando las tropas del Ojáncano amenazaron un pequeño castro mientras sus guerreros estaban fuera luchando contra otra tribu. Desesperada por salvar su hogar, una joven druida llamada Briana utilizó magia de sangre para unir su espíritu al de una osa y convertirse así en una cambiaformas, compartiendo este don con otras mujeres de la aldea.

Gracias a sus nuevas habilidades pudieron hacer frente al gigante y su ejército, logrando derrotarlo y encerrarlo en una cueva subterránea sellada místicamente. Sabiendo que su enemigo no había muerto y que algún día podría resurgir, las supervivientes juraron vigilar siempre su lugar de reposo para asegurarse de que nadie pudiera despertarlo algún día.

Fueron pasando sus habilidades y conocimientos de madres a hijas, generación tras generación, hasta que la llegada de los romanos y sus implacable persecución de la antigua magia celta las obligó a pasar a la clandestinidad. Las antaño orgullosas guerreras se vieron forzadas a hacerse pasar por simples campesinas, hilanderas y pastoras, aunque nunca renunciaron a su misión ni dejaron de vigilar la cueva en secreto.

A medida que el control romano sobre la Península se iba afianzando, las Osas se dieron cuenta de que debían integrarse totalmente en la sociedad romana y lograr la mayor influencia posible para poder cumplir eficazmente con su misión. Lo mismo harían siglos después con los invasores bárbaros, los primeros reinos cristianos y cualquier otro cambio social similar. Se adaptaron una y otra vez, reuniendo tanto poder político y económico en la zona como les fuera posible al tiempo que repelían cualquier amenaza sobrenatural que se acercara al Macizo de Ándara.

Cuando la Guerra Civil estalló en 1936, las Osas se mantuvieron tan lejos del conflicto como pudieron, sin acercarse a ninguno de los bandos, aunque en secreto lograron llevar suministros y medicinas a los más necesitados y en un par de ocasiones incluso usaron sus habilidades discretamente para proteger a la población civil. En una ocasión las bombas nacionales cayeron cerca de la cueva donde estaba prisionero el Ojáncano y, a pesar de que no causaron daños graves, lograron debilitar lo bastante el sello como para que una pequeña parte de su poder pudiera escaparse en busca de ayuda.

Tras la victoria del bando nacional y el auge del franquismo, las Osas tuvieron que mantener un perfil aún más bajo que de costumbre para no llamar la atención de la Mano Negra, al tiempo que procuraban ganarse la confianza de las autoridades locales y no perder su influencia en la zona. Otras manadas de cambiaformas intentaron apropiarse de su territorio durante este período, pero ellas siempre lograron rechazar sus maniobras.

A finales de los setenta, con la caída del franquismo y la aparente desaparición de la Mano Negra, pudieron volver a actuar con cierta libertad. En 1986, con la intención de acercarse al nuevo gobierno de la Transición, su Alfa de entonces, Esperanza Pardo, aceptó formar parte de la primera encarnación de Hispania en sustitución de Lobero usando el nombre en clave de Ándara. Durante seis años luchó junto a sus nuevos compañeros y utilizó sus poderes para combatir el crimen, hasta que en 1992 el equipo fue disuelto debido a diversos casos de corrupción.

Hasta ese momento Ándara había logrado mantener su identidad y su verdadera naturaleza en secreto para el público actuando siempre transformada y haciéndose pasar por una metahumana, pero la publicidad que se le dio al caso en la prensa estuvo a punto de acabar con todo eso. Por fortuna ella fue rápidamente exonerada en un tribunal de cualquier posible implicación con los delitos cometidos por algunos de sus ex compañeros de equipo y volver al anonimato.

Cuando el Gobierno quiso reactivar el Proyecto Hispania en 2015, la hija de Esperanza, Luisa, decidió formar parte de la nueva encarnación como hiciera su madre antes. Adoptó su mismo nombre en clave y ayudó al grupo a combatir todo tipo de amenazas, ganándose muchos apoyos tanto entre los responsables políticos como entre el personal de A.R.E.S.

Esta colaboración llegó trágicamente a su fin en 2023, cuando un grupo de adoradores del Ojáncano que llevaban preparándose para liberarlo desde el final de la Guerra Civil atacaron la cueva y prácticamente exterminaron a todas la Osas antes de romper definitivamente el sello. Sólo Luisa y su hija Ana sobrevivieron, por lo que ésta decidió renunciar a su puesto en Hispania para poder dedicar todos sus esfuerzos a reconstruir la manada y tratar de acabar definitivamente con el Ojáncano.

En la actualidad las Osas ya han comenzado a recuperarse, reclutando unas cuantas candidatas y rastreando todo el país en busca de cualquier posible pista de la ubicación del gigante.

Organización

La máxima responsable de las Osas de Ándara es la Alfa, que tiene autoridad absoluta sobre todos los miembros de la manada y la obligación de velar por que todas cumplan sus obligaciones eficazmente. Este cargo no es hereditario, sino que cada Alfa ha sido elegida personalmente por su predecesora o, en caso de que eso no fuera posible, escogida por votación entre todas las Osas. Aunque el cargo es vitalicio, si algún miembro de la manada considera que no está haciendo bien su trabajo, puede desafiarla en combate singular por su puesto.

Justo por debajo de ella están sus principales consejeras y asesoras, cada una de las cuales tiene bajo su responsabilidad un aspecto clave del funcionamiento de la manada, desde la gestión de su considerable patrimonio, pasando por encubrir cualquier rastro de actividad sobrenatural, hasta la vigilancia de la cueva del Ojáncano. Cada una de estas consejeras, a su vez, tiene bajo su mando directo unas cuantas Osas para ayudarle en su tarea.

A diferencia de la mayoría de manadas de cambiaformas de la Península, las Osas no viven todas en la misma localidad, sino que se dispersan por todos los pueblos y aldeas que rodean el Macizo de Ándara procurando no llamar demasiado la atención para poder vigilar mejor la zona y asegurarse de que nadie se acerque al lugar donde está encerrado el gigante.

Por lo general suelen escoger profesiones que sean de utilidad a la manada de algún modo: algunas se infiltran entre las autoridades locales trabajando para algún ayuntamiento o como empleadas del Seprona, mientras que otras se forman para ocuparse de tareas administrativas, proporcionar atención médica a las que son heridas en combate o llevar los asuntos legales. El resto normalmente se dedica a labores que les permitan estar en contacto con la naturaleza: agricultura, ganadería, montañismo…

En sus vidas personales procuran ser discretas y no forjar demasiados vínculos fuera de la manada. En concreto tienen absolutamente prohibido tener relaciones románticas más allá de algún encuentro esporádico destinado a engendrar a la siguiente generación. Si el fruto de estos encuentros es un varón le buscan un buen hogar adoptivo y de desentienden de él, mientras que si es niña se las quedan y las educan dentro de la manada. En ninguno de los dos casos el padre llega a saber nada de su existencia.

Las Osas aprenden de sus madres a luchar, cazar, sobrevivir en la montaña y rastrear a una edad en la que la mayoría de niñas aún juega con muñecas. Cuando son lo bastante mayores y ya han pasado por su primera transformación empiezan a participar en los asuntos de la manada, aprendiendo poco a poco las estrictas normas que las rigen y la importancia de su misión.

No todas las Osas, sin embargo, han sido criadas dentro de la manada. De vez en cuando, si su número es demasiado bajo o si encuentran a alguna mujer verdaderamente excepcional, han admitido a gente de fuera. En esos casos la candidata debe pasar un duro entrenamiento pensado para poner a prueba su personalidad y asegurarse de que jamás traicione a sus hermanas antes de transformarla en una teriántropa.

Equipo

Las Osas de Ándara no tienen un uniforme ni un armamento estandarizado. Sus armas principales son sus propios dientes y sus garras y el aparato más sofisticado que suelen utilizar es su teléfono móvil. Dicho esto, la mayoría de ellas tiene en su casa equipo básico de montaña (sacos de dormir,tiendas, cantimploras, linternas…), así como algunas armas sencillas. Todas ellas cuentan con vehículos capaces de moverse sin problemas por la escarpada orografía de la zona. Adicionalmente, la manada les proporciona cualquier tipo de equipo que puedan necesitar para realizar su trabajo adecuadamente.

OSA DE ÁNDARA BÁSICA
COSTE EN PUNTOS
36
DES
4
COO
4
FUE
5
INT
3
CON
4
VOL
4
AGUANTE
9
DETERMINACIÓN
4
PODERES

Transformación 6 (Límites: Sólo en osa. Extras: Súper Sentidos 4 – Olfato Aumentado 3 Rastrear), Regeneración 4 (Límites: Salvo plata o fuego)

Nota: En su forma híbrida tienen D 4 C 3 F 7 I 3 C 4 V 4 y ganan los poderes Garras 4 Súper Velocidad 1

ESPECIALIDADES

Supervivencia, Rastrear.

CUALIDADES
DESAFIOS
OSA DE ÁNDARA GUERRERA
COSTE EN PUNTOS
38
DES
5
COO
4
FUE
5
INT
3
CON
4
VOL
4
AGUANTE
9
DETERMINACIÓN
4
PODERES

Transformación 6 (Límites: Sólo en osa. Extras: Súper Sentidos 4 – Olfato Aumentado 3 Rastrear), Regeneración 4 (Límites: Salvo plata o fuego)

Nota: En su forma híbrida tienen D 4 C 3 F 7 I 3 C 4 V 4 y ganan los poderes Garras 4 Súper Velocidad 1

ESPECIALIDADES

Pelea, Rastrear, Supervivencia.

CUALIDADES
DESAFIOS
OSA DE ÁNDARA RASTREADORA
COSTE EN PUNTOS
39
DES
4
COO
4
FUE
5
INT
3
CON
5
VOL
4
AGUANTE
9
DETERMINACIÓN
PODERES

Transformación 6 (Límites: Sólo en osa. Extras: Súper Sentidos 4 – Olfato Aumentado 3 Rastrear), Regeneración 4 (Límites: Salvo plata o fuego)

Nota: En su forma híbrida tienen D 4 C 3 F 7 I 3 C 5 V 4 y ganan los poderes Garras 4 Súper Velocidad 1

ESPECIALIDADES

Supervivencia (E), Rastrear (E).

CUALIDADES
DESAFIOS