EL ATOLÓN

Hasta el año 1978 nuestro país no había tenido que lidiar con los problemas derivados de la criminalidad metahumana, ya que la Mano Negra se había encargado de capturar a cualquier metahumano que llamara lo más mínimo la atención (fuera un delincuente o no) y mantenerlo en coma inducido hasta que podían doblegarlo.

Sin embargo, con la llegada de la Democracia y la posterior disolución oficial de la organización se hizo necesario encontrar una manera más humana de contener a los maleantes con súper poderes. El gobierno vio esto como una oportunidad de demostrar que España había dejado atrás el franquismo y estaba preparada para adaptarse a los nuevos tiempos. Con esta intención en mente, se ordenó la creación de la que debía ser la prisión metahumana más moderna y avanzada del planeta.

Se comenzó a diseñar a comienzos de 1980 y en el proceso participaron expertos que ya habían trabajado en proyectos similares de países como Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Para reducir en lo posible el riesgo de fuga, se decidió ubicarla en un pequeño islote del Mediterráneo que estaba situado justo en el límite de las aguas jurisdiccionales españolas y construir la mayor parte de sus infraestructuras bajo el suelo.

El proceso de construcción duró cuatro años y conllevó una enorme cantidad de dinero y recursos del Estado, pero finalmente pudo ser inaugurada en marzo de 1984, justo a tiempo para recibir a los primeros delincuentes detenidos por Hispania.

Su primer director fue Alberto Márquez, un antiguo miembro de la Mano Negra a quien se indultó por sus crímenes pasados a cambio de que dirigiera la prisión, ya que poseía la habilidad metahumana de anular los poderes de cualquiera que estuviera lo bastante cerca de él. Márquez era un sádico que no sentía ningún aprecio por los metahumanos y a menudo se sobrepasaba en sus métodos, pero el gobierno miraba hacia otro lado en un primer momento porque mantenía a la población reclusa bajo control.

Sin embargo, Márquez se vio salpicado por el escándalo de Hispania después de que se descubriera que algunos de sus miembros le habían sobornado para imponer medidas de contención extremas a algunos delincuentes. En la investigación posterior se descubrió que también había aceptado dinero de algunos presos a cambio de ciertos privilegios e incluso (aunque esto nunca se pudo probar) que había suministrado los datos de varios metas que iban a ser liberados a la Mano Negra para los capturaran. Fue destituido oficialmente en septiembre de 1994, pero logró escapar antes de que le detuvieran y se reincorporó a la Mano Negra.

Su sustituto en el cargo, Esteban Clemente, procedía del recién extinto Centro de Investigaciones Psíquicas donde había servido durante varios años como agente de campo, y poseía poderes telepáticos que le permitían controlar las mentes, lo que resultaba muy útil para mantener a los presos violentos bajo control. Su etapa al cargo fue mucho más legal que la de su predecesor, destacando sobre todo por el abandono de los viejos sistemas de contención basados en la administración de fármacos inhibidores de poder a los presos en favor de la instalación de los nuevos collares anuladores, mucho más seguros.

En 2005 la prisión pasó a ser gestionada por A.R.E.S, pero en reconocimiento a su labor previa se le pidió a Clemente que continuara en su puesto, cosa que hizo hasta 2011 cuando resultó gravemente herido en un intento masivo de fuga y decidió retirarse para poder recuperarse de las secuelas con su familia.

Este suceso coincidió con el breve período de Raúl Soto hijo al mando de A.R.E.S, por lo que éste aprovechó la oportunidad para colocar a uno de sus lugartenienes como director de la prisión y preparar así el terreno de cara al futuro golpe de Estado que estaba planeando. El elegido fue el capitán Eugenio Echevarría, antiguo legionario y uno de los agentes más leales a Soto.

Su tiempo al cargo de las instalaciones fue breve, ya que fue detenido junto a muchos otros implicados en el complot menos de un año después, pero estuvo marcado por los motines y los intentos de fuga. Esta situación se debía en parte a que era el primer director del Atolón sin poderes propios que le permitieran lidiar con los reclusos rebeldes, pero sobre todo a que no contaba con el respeto y la colaboración del personal.

Tras su detención fue nombrada para el puesto Dana Darias, antiguo miembro de los Centinelas y la primera justiciera que usó el nombre de Psirena, que logró restablecer el correcto funcionamiento de la prisión en un tiempo récord. Bajo su dirección se ha hecho especial hincapié en la reinserción, estableciendo numerosos programas que incluyen terapia psicológia y cursos de formación gracias a los cuales un número cada vez mayor de presos metahumanos han conseguido reencauzar su vida.

En la actualidad la mayor parte de las prisiones españolas cuentan con un módulo adaptado para acoger a delincuentes metahumanos de bajo riesgo, por lo que el Atolón se reserva sólo para los más peligrosos o problemáticos.

Ubicación

El Atolón está localizado en un pequeño islote del Mediterráneo, dentro de las aguas jurisdiccionales españolas frente a las costas levantinas.

Descripción

El Atolón está construido en su mayor parte bajo tierra, en el subsuelo del islote donde se ubica. En la superfície se encuentran únicamente aquellas infraestructuras que no pueden situarse en el subsuelo o que no requieren de una especial seguridad: el control de acceso al recinto, el helipuerto, los barracones del personal, la armería…

En el primer sótano se encuentran las instalaciones de mínima seguridad, a las que sólo tienen acceso los reclusos menos problemáticos: el gimnasio, la biblioteca, diversas aulas para cursos de reinserción y un gran patio subterráneo que está protegido en su parte superior por una reja electrificada. Esta planta tiene dos ascensores, uno que conduce a la planta superior y está fuertemente custodiado en todo momento y otro que lleva al resto de sótanos.

El siguiente nivel está destinado a instalaciones de uso común por los presos: duchas, enfermería, comedor… ese tipo de cosas. La seguridad en esta sección es estricta y los presos van acompañados en todo momento por una dotación de guardias.

El resto de sótanos ya sólo contienen celdas. Al principio se encuentran las de menor seguridad, destinadas a aquellos metahumanos con poderes más débiles o un mejor comportamiento, y las medidas de contención van aumentando conforme se baja. Las celdas de máxima seguridad se encuentran en los niveles más profundos y cuentan con la última tecnología para mantener encerrados a súper criminales.