AYESHA

Ayesha
COSTE EN PUNTOS
45
DES
5
COO
5
FUE
5
INT
4
CON
4
VOL
6
AGUANTE
11
DETERMINACIÓN
1
PODERES

Soporte Vital 1 ( Enfermedades. Límites: Requisito- Ingerir regularmente Aeneas Africani), Magia 8 (Mimetismo Animal y Curación, Extras: Instantáneo), Inmortalidad 2 (Extras: Regeneración).

ESPECIALIDADES

Ocultismo, Liderazgo, Diplomacia.

CUALIDADES

Identidad: Reina Inmortal de los M'bali. Epíteto: La Voz de Dahabu. Personalidad: Los M'bali nunca mienten.

DESAFIOS

Enemigo: El dios araña Anansi. Social: Amar es sufrir.

Nombre real: Ayesha
Ocupación: Reina de los M'bali
Base: Palacio Real, Valle de Sabrah, África

Hasta hace unos seiscientos años, Ayesha era sólo la cuarta hija del reyezuelo de una tribu africana asentada en lo que hoy era el Valle de Sabrah. Lo máximo que se esperaba de ella es que se casara con algún gran cazador, a ser posible de otra tribu, y trajera al mundo muchos niños.

Lo único que la hacía distinta al resto de muchachas de su aldea era su tremenda devoción por el espíritu guardián de su pueblo, el dios gorila Dahabu. Le hacía ofrendas continuamente y jamás se olvidaba de agradecerle las cosechas o de elevar plegarias en su honor cuando los guerreros volvían con alguna presa de caza.

Por eso, cuando el dios araña Anansi llegó a la zona haciéndose pasar por un poderoso chamán y comenzó a ganarse el corazón de las gentes mediante embustes y falsos milagros, apartándolos de sus antiguos dioses, ella se negó a claudicar. Incluso cuando sus propios padres y el resto de su tribu dieron la espalda a Dahabu para convertirse a la fe de Anansi, ella siguió manteniéndose fiel a su dios ancestral.

Anansi, preocupado por la posibilidad de que las continuas arengas de la joven pudieran influir en las distintas tribus y alejarlos de su culto, decidió cortar por lo sano y manipuló al padre de Ayesha para que la condenara a muerte.

La noche antes de su ejecución la princesa la pasó orando, pidiéndole a Dahabu que salvara a su pueblo. Sus ruegos conmovieron tanto al dios gorila que se presentó en forma de espíritu en la celda donde la mantenían cautiva y le ofreció un trato: su vida a cambio del poder para liberar a su gente. Ella aceptó sin dudarlo.

A la mañana siguiente, justo cuando iba a ser sacrificada, un enorme meteorito se estrelló en una montaña cercana causando el caos a su alrededor, al mismo tiempo que un ejército de gorilas surgía de las selvas cercanas y atacaba a las huestes del dios araña poniéndolas en fuga o exterminándolas. Furioso, Anansi reveló su verdadera forma y se lanzó contra la joven a la que consideraba responsable de su derrota. Para su sorpresa, Ayesha canalizó instintivamente el poder de Dahabu y fue capaz de usarlo para defenderse y hacer huir al dios embaucador.

Cuando todo hubo acabado y tanto su pueblo como el resto de tribus se vieron libres de la influencia perniciosa de Anansi, Dahabu hizo su aparición para cobrar su precio. Ayesha se inclinó ante él, dispuesta a morir, pero el dios gorila no la mató. En vez de eso le dijo que su vida ahora le pertenecía a él y que debía usarla para guiar a su pueblo hasta que Anansi ya no fuera una amenaza para ellos. Antes de irse, Dahabu creó una barrera de niebla que rodeaba todo el valle y lo mantenía oculto del resto del mundo.

Las tribus supervivientes decidieron unificarse en una sóla, los M’bali (que significa literalmente “el Pueblo”), y nombraron a Ayesah su reina. Durante los años siguientes estuvo muy ocupada dirigiendo la construcción de una nueva ciudad en el lugar donde había caído el meteorito y mediando en disputas entre sus nuevos súbditos, que incluían también a los gorilas parlantes que les habían salvado de Anansi.

Con el tiempo se enamoró de uno de sus guerreros, se casó con él y tuvieron hijos. Su familia fue creciendo y envejeciendo pero ella descubrió horrorizada que su pacto con Dahabu la había vuelto inmortal, obligándola a contemplar impotente como sus seres queridos se marchitaban y morían.

Con el tiempo se fue volviendo más distante, procurando no acercarse demasiado a nadie para no volver a sentir el dolor de nuevas pérdidas. Durante siglos gobernó sobre su pueblo con justicia y sabiduría,combatiendo una y otra vez a los agentes de Anansi que seguían tratando de entrar en el valle, pero sin volver a acercarse demasiado a nadie.

Entonces, en 1921, un botánico y explorador español llamado Gaspar Miñana se perdió en las selvas que rodeaban el Valle y de algún modo logró cruzar la barrera de nieblas. Al principio Ayesha pensó que debía ser un espía del dios araña y ordenó que lo encerraran, pero tras interrogarlo durante horas se dio cuenta de que en realidad era un buen hombre que no les deseaba ningún mal.

La reina comenzó a pasar bastante tiempo junto al recién llegado, haciéndole numerosas preguntas sobre el mundo exterior y enseñándole la cultura y tradiciones de su pueblo. Poco a poco, ambos se fueron enamorando perdidamente hasta tal punto que Miñana empezó a hablar de quedarse permanentemente en el reino de los M’bali.

Sin embargo, cuando aún no hacía ni dos años que había llegado, el botánico descubrió que el origen de la excelente salud y condición física de los habitantes del valle era una planta que crecía junto al lugar donde había impactado el meteorito y que ahora era un templo. Consciente de que esa planta podría acabar con la mayor parte de las enfermedades y salvar a millones de personas en el mundo exterior, empezó a debatirse entre su amor por Ayesha y su deber moral para con la humanidad.

Finalmente la reina de dijo que debía partir y hacer lo mejor para el mundo. Miñana partió del valle con un cargamento de plantas y jurando mantener en secreto la existencia de los M’bali. Le prometió a Ayesha que cuando su trabajo estuviera hecho volvería a su lado y ya no se marcharía.

Pero los años fueron pasando y el científico no regresaba. En un primer momento, Ayesha mantuvo la esperanza y se concentró en sus deberes como reina para superar la ausencia, pero poco a poco empezó a pensar que ya no volvería. O bien había muerto o bien había decidido romper su promesa.

En 1938 pudo comprobar que estaba equivocada cuando pudo reunirse de nuevo con él, que había fallecido a manos de agentes de la Mano Negra y había sido resucitado por Dahabu en el cuerpo de un gorila como recompensa por haber mantenido su promesa hasta la muerte. Aunque esta situación presentaba algunas dificultades, ambos retomaron su relación.

Durante las décadas siguientes los dos trabajaron muy duro, usando los conocimientos científicos de Miñana y la sabiduría de Ayesha para mejorar las condiciones de vida de los M’bali. No tardaron en descubrir, encantados, que el nuevo cuerpo del botánico era también inmune a los estragos del tiempo, lo que consideraron una bendición del dios gorila.

A medida que avanzaba el siglo XX se fue haciendo más evidente para la reina que no podrían mantener la existencia del Valle de Sabrah en secreto eternamente. Cada vez llegaba más gente a los alrededores en busca de nuevas materias primas o tesoros arqueológicos y sólo la barrera de nieblas impedía que encontraran a los M’bali.

Entonces, hace unos veinte años, un joven antropólogo llamado León Montes se hizo con algunos diarios antiguos de Miñana y logró encontrar el camino hacia el valle, ganándose la confianza de Ayesha y el resto de su pueblo con su curiosidad y honradez hasta convertirse en su único vínculo con el mundo exterior.

Durante la invasión drax de 2014 la barrera consiguió mantener a su pueblo a salvo de los alienígenas, pero el esfuerzo de mantenerla la dejó lo bastante débil para que Anansi pudiera someterla a una maldición que estuvo a punto de matarla. Sólo la intervención de Montes y su esposa pudo evitar el trágico desenlace y poner fin al encantamiento.

Poco después tuvo que lidiar con una compañía minera que pretendía explotar las montañas que rodeaban el valle para extraer diamantes usando mano de obra esclava. Ayesha envió guerreros para liberar a los trabajadores y ponerlos a salvo, pero algunos resultaron ser espías de Anansi que lograron matar a varios de sus hombres antes de ser detenidos y exiliados.

Desde entonces, Ayesha está más decidida que nunca a mantenerse apartada del mundo exterior, aunque sabe que sólo es cuestión de tiempo que el mundo exterior la encuentre a ella. Recientemente, aconsejada por su esposo y por León Montes, ha accedido a enviar a algunos de sus jóvenes a la Academia Hazaña para que puedan conocer un poco de la vida moderna e informarla.

Personalidad

Ayesha es, ante todo, una persona extremadamente espiritual, con una profunda devoción hacia su dios, Dahabu, y una fe que le permite superar cualquier adversidad. Al haber prometido al dios gorila velar por su pueblo lo considera un deber sagrado y está dispuesta a realizar cualquier sacrificio o afrontar cualquier peligro con tal de mantener a los M’bali a salvo. Esa es, sin ninguna duda, su máxima prioridad.

Aparte de eso, es una persona retraída e introvertida, que a lo largo de casi seis siglos de ver morir a gente que le importa ha aprendido a distanciarse y no encariñarse demasiado con nadie para ahorrarse sufrimiento. Sin embargo la influencia de su marido ha hecho se vaya abriendo un poco a los demás en las últimas décadas y haya conseguido hacer unos cuantos amigos por los que siente un gran afecto.

Como todos los M’bali tiene una profunda aversión por las mentiras y los engaños que le lleva a desconfiar de los forasteros, porque sabe que en el mundo exterior la verdad no siempre es tenida en gran estima. Debido a su larga vida ha aprendido a evaluar acertadamente la sinceridad de la gente y suele fiarse de su instinto en esos asuntos.

Poderes y habilidaddes

Al igual que todos en su reino, Ayesha ingiere regularmente hojas de Aeneas Africani que mejoran su condición física y le proporcionan una salud perfecta. La bendición de Dahabu sobre ella, además, le impide envejecer y hace que se recupere rápidamente de la mayoría de heridas. Añadido a esto, es una chamana excepcionalmente poderosa, capaz incluso de canalizar el espíritu del propio Dahabu si es necesario para lograr una amplia variedad de efectos.

Durante su largo reinado ha aprendido a liderar eficazmente a sus súbditos y a mediar en todo tipo de conflictos, demostrando grandes dotes diplomáticas que le han permitido convertir una agrupación de tribus con tradiciones muy diferentes entre sí en una única nación.